

El cuerpo del decreto en su parte esencial establece:
Art.1º - Restablécese y fíjase en forma permanente el blasón provincial, en términos heráldicos, del siguiente modo: a) El escudo de armas de la provincia está representado por una elipse trazada verticalmente y cortada en dos cuarteles por su eje menor. b) Los esmaltes de estos cuarteles, en la acepción heráldica, se caracterizan, el superior de azul ligero, y el inferior de plata. En la parte inferior del cuartel de plata, surge y se yergue una cruz de sable incombustible, en un campo en llamas, rodeada por siete lenguas de tierra, cuatro a la diestra y tres a la siniestra; c) En el eje del cuartel superior, se ostenta un gorro frigio de gules inclinado a la diestra, en lo alto de una pica sostenida por dos manos diestras entrelazadas y desnudos los brazos respectivos que se elevan de los flancos del cuartel inferior por encima de la cruz; d) En la cabecera superior del escudo, y detrás de este, esplende un sol meridiano de veintiún rayos visibles, flamígeros y rectos alternados en simetría heráldica; e) El campo de este escudo está orlado por una guirnalda sinople de laurel de hojas finas cuyas ramas, entrecruzadas en la parte inferior, están atadas con un lazo ondulado de cinta celeste y blanca, distintivo de los revolucionarios argentinos de 1810.

La imagen del escudo reconstruido fue plasmada por Benjamín T. Solari a pedido y con el asesoramiento de Manuel Vicente Figuerero y consiste en una pintura realizada sobre una placa de madera que durante mucho tiempo se consideró perdida, pero fue hallada hace unos años en el Archivo General de la Provincia, con las explicaciones del caso, ya enmarcada y vidriada. Actualmente se exhibe en la Sala N°1, "Hernán Félix Gómez", del repositorio.
La secuencia de los escudos identificados por Manuel Vicente Figuerero en los diferentes documentos del Archivo General de la Provincia, con los cambios que obligaron los cuatro momentos estelares de Corrientes, desde su erección como provincia en 1814, hasta su plena autonomía en 1821, son las primeras figuras que se observan en la página 31.

El artiguismo, en 1814, cargado de simbolismo indígena dado el elevado componente aborigen de las tropas de Artigas, el de Ramírez, con una balanza encarnando la provincia y una lanza recordando el carácter bélico de su creación, el del platero Andrés Sandobal, un sello para lacre confeccionado casi un año después de la revolución "incruenta" del 12 de octubre de 1821, con la que Corrientes fue nuevamente dueña de sus destinos, y el último, diseñado en 1824, cuando Corrientes tuvo gobierno, bandera, escudo y una constitución que se mantuvo vigente hasta 1856.
Los grandes cambios sucesivos también son "blasonados", por así decirlo, en el magistral trabajo de Figuerero (segunda imágenes de escudos expuestos en esta página).
Hasta la Constitución Nacional y su homóloga de Corrientes, un Escudo rige en 1839 con Berón de Astrada, otro en 1845, en el momento cenital de Joaquín Madariaga, un tercero en 1848, gobernando ya Benjamín Virasoro, y finalmente el escudo del gobierno de Juan Pujol, con la provincia ya integrada a la Nación.
Este último escudo exhibe ya cambios esenciales, porque han desaparecido las siete puntas, ya fueran las portuarias uñas de ancla o las lenguas de tierra, reemplazadas por un paisaje andino, y las banderas que enmarcan la elipse son nacionales y no enseñas de Corrientes.

Este último escudo, constituye representa un indicio, aunque de valor relativo, para tratar de hilvanar el proceso histórico de la Bandera de Corrientes.
La bandera provincial, aunque los indicios anteriores arrojan que cayó en desuso luego de la Guerra del Paraguay, cuando los paraguayistas la adoptan para sus fines, por las mismas expresiones de Igarzábal, cabe presumir que encarnó un hecho distinto, con otras hipótesis como factibles, en torno a la incidencia de la aparición de la Guardia Nacional y la dependencia política de Buenos Aires y Entre Ríos, y ese escudo de la época de Pujol podría ser una primera adecuación. No obstante, Figuerero tacha de "adulterado" el sello de Pujol.
Ya las banderas de Ifrán patentizan que hacia 1878 la bandera de Corrientes, con su lema y su triángulo isósceles, se había acercado al formato nacional, reemplazándolos con leyendas militares de identificación de unidades.

En el año 1910, se crea un batallón de patricios de protocolo orientado a los fastos del centenario, el relicto de cuya bandera al parecer se custodia en el museo histórico, y se asemeja a la enseña de Ifrán, sumándole un sol en el centro.
A partir de allí, habrá que esperar hasta mediados de la década del 80 para que las inquietudes vinculadas al retorno de la democracia, motiven a los gobernantes correntinos para reivindicar la bandera histórica, luego de un proceso de recuperación histórica tachonado de debates.
Cabe también imaginar una línea de tiempo singularmente analógica entre la Bandera de Caá Guasú, en 1841, la de los patricios en 1910 y las de 1987 y 1988, partiendo, con ligeras diferencias, de la iniciativa para su confección y de las manos que las hicieron posibles.
En los tres casos participó el poder ejecutivo como figura central para la concreción del hecho vexilológico. Pedro Ferré, estando la provincia abocada a una guerra intestina que ponía severamente en compromiso su misma existencia, Juan Ramón Vidal, a la cabeza de los actos del centenario, en el contexto de un compromiso ciudadano de gran potencia. José Antonio Romero Feris, reivindicando el lábaro tradicional, recuperándolo y restaurándolo partiendo de la oscuridad histórica en que había caído, como parte del proceso de regeneración de la democracia, y Ricardo Leconte volviendo a enarbolar una remozada Bandera de Corrientes en el marco de las celebraciones de un nuevo centenario.
La pompa y circunstancia que rodearon en aquel lejano 1841 la entronización de la Bandera del Batallón de artesanos que el general José María Paz rebautizó como Guardia Republicana, y que se cubrió de gloria el 28 de noviembre de 1841 en Caá Guasú, son conocidos, el arduo proceso que demanda la recuperación de 1997, con la confección de tres banderas por las clarisas correntinas, una para cada uno de los poderes del estado, y el izamiento por primera vez de la entregada al Poder Ejecutivo en el marco del cuarto centenario en el año 1988, constituyen también un hecho histórico que merece ser narrado.
Aún más tarde, ya conviviendo con nosotros, quedan todas las singularidades que hacen que convivan varios modelos irregulares de banderas, donde el simbolismo es idéntico, pero las palabras, los colores y las disposiciones de las piezas heráldicas son distintas.
Todo ello obliga a dilatar por una última vez el cierre de estas notas.




