
Los accidentes cerebrovasculares (ACV), los aneurismas cerebrales y las hernias de disco figuran entre las patologías neurológicas más frecuentes que llegan a los consultorios especializados. Aunque muchas veces se asocian a cuadros graves o cirugías complejas, los especialistas advierten que una gran parte de estos problemas puede prevenirse o tratarse con mejores resultados cuando se detectan a tiempo.
Así lo señalaron los neurocirujanos Horacio Popescu y Nicolás Rodríguez Gacio en vivo en Radio Sudamericana, donde explicaron cuáles son los síntomas de alerta, los factores de riesgo y los avances que permitieron mejorar el pronóstico de los pacientes.
Rodríguez Gacio explicó que existen factores de riesgo modificables y otros que no pueden cambiarse. “Principalmente trabajamos sobre los que sí se pueden modificar: la obesidad, el tabaquismo, la diabetes, la hipercolesterolemia y el sedentarismo”, indicó.
También recordó que haber sufrido un ACV previamente o contar con antecedentes familiares incrementa el riesgo de padecer un nuevo episodio.
Los especialistas remarcaron que el ACV ya no debe considerarse una enfermedad sin posibilidades de tratamiento. “Hoy contamos con herramientas para detectarlo a tiempo y poder tratarlo. Podemos utilizar trombolíticos para disolver el coágulo o incluso aspirarlo mediante un catéter”, explicó Rodríguez Gacio.
El ACV isquémico ocurre cuando una arteria cerebral se obstruye e impide el paso de sangre hacia una zona del cerebro. Es el tipo más frecuente y representa la gran mayoría de los casos. Actualmente puede tratarse con medicación trombolítica y procedimientos endovasculares cuando el paciente llega rápidamente al sistema de salud.
Popescu explicó que dentro de los accidentes cerebrovasculares también existen los hemorrágicos. “Cuando la gente habla de un derrame cerebral generalmente se refiere a un evento hemorrágico, es decir, cuando sangra el cerebro”, señaló.
El especialista detalló que estos cuadros pueden producirse por hipertensión arterial severa o por la ruptura de un aneurisma cerebral. “Hoy diferenciamos claramente entre los ACV isquémicos y los hemorrágicos. Son enfermedades distintas y requieren tratamientos diferentes”, afirmó.
Popescu lo describió como “un saquito que se forma por el debilitamiento de una arteria”. Los aneurismas son dilataciones anormales de los vasos sanguíneos cerebrales. En muchos casos no generan síntomas hasta que se rompen, situación que puede desencadenar una hemorragia cerebral grave. Entre los factores asociados aparecen la hipertensión arterial, el tabaquismo y los antecedentes familiares.
El neurocirujano destacó: “Hoy podemos resolver algunos aneurismas mediante catéteres, sin necesidad de realizar grandes incisiones”, explicó.
Las técnicas endovasculares permiten llegar hasta los vasos cerebrales a través de las arterias del brazo o de la pierna y tratar la lesión desde el interior del sistema circulatorio.
Rodríguez Gacio aclaró que la mayoría de los pacientes no necesita una operación.“Muchos llegan asustados porque tienen una resonancia con una gran hernia de disco. Pero cuando evaluamos los síntomas, vemos que muchas veces no requieren cirugía”, explicó.
Según los especialistas, apenas una pequeña proporción de los casos termina en quirófano. “Del total de pacientes, uno o dos de cada diez no evolucionan bien con tratamiento médico y necesitan una intervención”, detalló.
Cuando la cirugía es necesaria, los avances tecnológicos permitieron reducir notablemente los tiempos de recuperación. Popescu explicó que actualmente pueden extraerse hernias de disco mediante técnicas mínimamente invasivas.
“Podemos sacar una hernia de disco muy grande a través de una incisión de menos de un centímetro”, afirmó.
Según indicó, estas técnicas permiten disminuir el dolor postoperatorio, reducir el riesgo de infecciones y acelerar el regreso a las actividades habituales.
“El paciente puede volver a trabajar en pocos días. Antes tenía que esperar semanas para recuperarse”, señaló.
Más allá de las intervenciones quirúrgicas, ambos profesionales coincidieron en que la principal herramienta sigue siendo la prevención. “Lo ideal es no llegar al ACV”, sostuvo Popescu.




