
Es inevitable escuchar a pacientes que atribuyen de manera casi sistemática su dolor de cabeza a una disfunción hepática o a un factor alimentario. Esta extendida creencia no es nueva; tiene su origen en el siglo II con el médico griego Galeno, quien introdujo el término hemicránea (origen de la palabra migraña) y adjudicaba la dolencia a "vapores" de bilis amarilla que ascendían hacia el cráneo. A pesar de los siglos de evolución científica, este mito sigue firmemente arraigado en el imaginario colectivo perpetuando un diagnóstico erróneo que desvía la atención de las causas reales de la afección.
En medicina agrupamos a todo dolor localizado en el cráneo bajo el nombre de cefaleas (dejando aparte la cara, la mandíbula o la boca). El 80% de la población mundial va a sufrir un dolor de cabeza en algún momento de su vida y un 5% lo padece a diario. No nos acorta la vida, es cierto, pero puede llegar a tornarse muy molesto. Afecta en la etapa más productiva, golpeando la economía y el bienestar psicosocial.
Antes de avanzar, una aclaración vital: no confundan migraña con cualquier dolor de cabeza. La migraña o jaqueca (que sí son sinónimos) es solo un tipo específico de cefalea. No cataloguemos todo por igual, porque cada dolor tiene su causa y su tratamiento.
El 95% de los casos se dividen en dos grandes jugadoras benignas, pero sumamente molestas:
- La cefalea tensional: Es la más común. Se siente como una vincha que aprieta toda la frente o la nuca. No da náuseas, no empeora al movernos y suele nacer del estrés, las malas posturas o contracturas. Irónicamente, mejora con la actividad física, la relajación y, si es necesario, kinesiología o apoyo en salud mental.
- La migraña: Esta es otra historia. Es un dolor pulsátil de un solo lado del cráneo que late, inhabilita y obliga al reposo en la oscuridad. Viene con fotofobia (molesta la luz), fonofobia (molesta el ruido) y casi siempre con vómitos o alteraciones visuales como "moscas volantes". En las mujeres, suele ensañarse antes o durante el ciclo menstrual o activarse por falta de sueño.

Como dijimos, el dolor de cabeza es casi siempre una molestia que no significa una amenaza seria. Sin embargo, este concepto puede no ser válido en ciertas circunstancias y aunque nada en medicina puede ser expresado en forma esquemática, ya que cada persona es diferente, se podrían tomar como pautas de alarma las siguientes consideraciones:
Es signo de posible gravedad la rigidez de nuca, o sea, la dificultad que tiene el enfermo de tocar manteniendo la boca cerrada el pecho con el mentón, flexionando el cuello. Si no lo puede realizar durante un fuerte dolor de cabeza debe acudir a un centro sanitario de inmediato. Indicaría gravedad sobreañadida la presencia de vómitos, sobre todo si son súbitos y violentos sin nauseas o malestares previos.
También puede delatar la existencia de urgencia vital la presencia en el momento de hipertensión arterial. Si es muy elevada puede constituir emergencia. Igualmente ocurre cuando se tienen antecedentes de niveles elevados de colesterol y/o triglicéridos. En ambos casos es mejor consultar a un especialista para descartar un posible ataque cerebral.
Aunque la enorme mayoría de las cefaleas son primarias (el dolor es el problema en sí mismo y no oculta otra enfermedad), no podemos hacer presunciones a priori. La cabeza avisa y hay ciertas pautas de alarma que exigen ir a un centro sanitario de inmediato:
- Que sea el "peor dolor de cabeza de tu vida", sobre todo si empezó de forma súbita y explosiva.
- Que aparezca por primera vez después de los 50 años o se asocie a convulsiones.
- Un dolor que aumenta gradualmente con los días (ojo, puede indicar un tumor).
- Que el dolor se acompañe de debilidad, torpeza o alteraciones del lenguaje.
Lo más importante es hacer el diagnóstico correcto y descartar otras causas graves, lo cual implica una consulta con el especialista y efectuar si fuera necesario, algún estudio complementario. La tomografía computada o la resonancia nuclear magnética entre otros medios menos utilizados, forman parte de nuestro arsenal quedando la decisión de su práctica librada al criterio del médico actuante así como también la indicación del fármaco específico para cada tipo de cefalea.




