
El fenómeno climático del Niño se encuentra plenamente establecido, continúa fortaleciéndose a escala planetaria y las proyecciones científicas anticipan que podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia el último trimestre del año. Ante este panorama, una nueva nota técnica conjunta elaborada por especialistas universitarios e hidrológicos de Argentina y Brasil actualizó el escenario para el período 2026-2027 y encendió las alarmas operativas, instando a las administraciones de la región a acelerar los trabajos de preparación y respuesta preventiva.
El informe fue elaborado de manera articulada por el Grupo de Modelagem Hidroambiental e Ecotecnologias de la Universidade Federal de Santa María (UFSM), el Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y la Administración Provincial del Agua (APA) de Chaco. El documento identificado como la nota técnica conjunta Nº4/2026 consolida las evaluaciones de los principales centros climáticos del mundo, entre ellos el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA), el Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Las proyecciones del organismo norteamericano (NOAA) asignan una probabilidad superior al 90% a que el Niño alcance la categoría de "muy fuerte" durante la primavera de este año y el verano 2026-2027. Incluso se estima un 69% de probabilidad de que las anomalías térmicas en el océano Pacífico superen los +2,5 °C, un registro que se ubicaría por encima de los valores de referencia históricos medidos desde 1950.
Sin embargo, los especialistas enfatizaron que el reporte debe tomarse como un mapa de riesgo probabilístico y no como un pronóstico catastrofista automático: una mayor intensidad del fenómeno no se traduce linealmente en inundaciones récord, pero sí exige maximizar las precauciones ante el aumento de la variabilidad climática.

El aspecto central del informe radica en la advertencia a las autoridades municipales sobre la necesidad de monitorear el peligro hidrometeorológico en dos escalas geográficas y temporales totalmente distintas, pero complementarias.
- La escala local (Lluvias internas): se refiere a las precipitaciones intensas que puedan registrarse dentro del territorio provincial. Un evento de precipitaciones severas en pocas horas podría colapsar sistemas de drenaje urbano, cortar rutas, aislar comunidades y dañar economías regionales, aun cuando los grandes ríos de la región mantengan caudales dentro de los parámetros normales.

- La escala regional (Cuencas del sistema Paraná-Paraguay): implica el seguimiento de los ríos tributarios ubicados aguas arriba. La dinámica de cada cuenca obliga a una vigilancia diferenciada:
Río Iguazú: presenta una respuesta ultrarrápida; precipitaciones intensas en su cuenca generan incrementos severos de caudal en cuestión de pocos días.
Alto Paraná: aporta volúmenes hídricos masivos durante períodos prolongados.
Río Paraguay: su tiempo de respuesta es considerablemente más lento y amortiguado.
La coincidencia temporal del pico de crecida de estas tres cuencas es lo que determina el impacto directo sobre el Paraná Medio y la vulnerabilidad de las zonas costeras próximas a los grandes centros urbanos de la región y sus áreas de influencia.

En relación con el caudal del río Paraná, el documento incorpora las simulaciones estacionales del sistema europeo GloFAS/Copernicus tomadas a la altura de Corrientes punto de referencia hidrológica directo para Chaco.
Los modelos indican una recuperación progresiva de los caudales desde el mes de agosto, con un incremento pronunciado a partir de octubre. Para el tramo comprendido entre noviembre de 2026 y febrero de 2027, el valor central de las proyecciones se sitúa en categorías de caudal alto a extremadamente alto, superando potencialmente los niveles teóricos de alerta y evacuación. Pese a esto, las autoridades aclararon que estas estimaciones no constituyen un alerta operativo firme, sino una ventana temporal de máxima vigilancia que permitirá planificar obras y logística con margen de maniobra.

La nota técnica apela a que los gobiernos locales utilicen el tiempo de ventana previa para poner a punto la infraestructura urbana y la logística de emergencia. Entre las recomendaciones prioritarias destacan:
1. Mantenimiento crítico e infraestructura
- Limpieza profunda de alcantarillas, canales principales, cunetas y sumideros urbanos.
- Verificación operativa de estaciones de bombeo, tableros eléctricos y generadores de respaldo.
- Inspección técnica de pontones, puentes, defensas contra inundaciones y terraplenes.
2. Organización comunitaria y logística
- Revisión de los planes de contingencia municipales, asignación formal de roles y guardias de emergencia.
- Puesta a punto y demarcación de centros de evacuados y refugios temporales.
- Acopio y reserva estratégica de combustible, maquinaria pesada y materiales de asistencia.
- Relevamiento actualizado del padrón de familias en zonas con vulnerabilidad social o hídrica.
3. Rutina de vigilancia técnica
Los municipios deberán adoptar un protocolo de revisión diaria de los avisos a corto plazo y alertas del SMN. En el caso de registrarse precipitaciones extraordinarias en la cuenca del río Iguazú o incrementos repentinos en los tramos superiores de los ríos, el monitoreo municipal deberá pasar inmediatamente de una escala semanal a un seguimiento diario o continuo.
El equipo técnico remarcó que la toma de decisiones políticas y la comunicación pública hacia los vecinos deben canalizarse de manera disciplinada mediante la información oficial.




