
La cumbre nacional de la UCR en Santa Fe expuso, otra vez, la tensión interna del partido, pero también su decisión de mostrarse en movimiento. Con más de 300 intendentes reunidos bajo la convocatoria del presidente del Comité Nacional, Leonel Chiarella, el radicalismo intentó priorizar la gestión y la territorialidad por sobre las diferencias estratégicas frente al gobierno de Javier Milei.
De los cinco gobernadores radicales, solo dos dieron el presente: el anfitrión Maximiliano Pullaro y el correntino Juan Pablo Valdés, quien participó por primera vez de un cónclave de este tipo como mandatario provincial. Lo acompañó su antecesor, actual senador provincial y presidente de la UCR Corrientes, Gustavo Valdés.
Ausentes estuvieron Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Carlos Sadir (Jujuy), en un gesto que volvió a evidenciar las distintas posturas respecto del vínculo con la Casa Rosada.

Para Juan Pablo Valdés, la cita tuvo un doble valor: institucional y partidario. En el plano de gestión, mantuvo un encuentro con Pullaro para intercambiar experiencias en Seguridad, Industria y Producción, y analizar la coyuntura nacional. "Compartimos puntos de vista y analizamos temas centrales de la gestión. Tenemos problemáticas similares y una visión común sobre la actualidad del país", señaló tras la reunión.
En redes sociales reforzó el mensaje político: "Si hay algo que la Unión Cívica Radical tiene es futuro. Tiene la energía de los jóvenes, la experiencia de quienes gobernaron y la convicción de transformar esa fuerza en resultados concretos".
Su discurso estuvo centrado en el rol de los intendentes como primera línea frente a las demandas sociales. "Los intendentes, trabajando juntos, ¡seguimos construyendo futuro!", publicó alineado con la estrategia de mostrar músculo territorial como principal activo radical.

Entre los correntinos presentes se contó a jefes comunales como Claudio Polich de Capital, Mariano Hormaechea (Goya), Noelia Bazzi (Bella Vista), Juan Carlos Álvarez (Monte Caseros), Noel Gómez de Saladas, Verónica Espíndola de Curuzú y Orlando Raúl Pelozo de San Roque.
Pero hubo una más que sorpresa: Víctor Cemborain de Mercedes.

Gustavo Valdés, por su parte, aportó volumen político. Con experiencia de ocho años en la gobernación, planteó que la UCR debe sostener su "vocación frentista" y fortalecer su identidad.
"La UCR es un partido con territorio, que dialoga y trabaja, con buenos gobernadores, intendentes y legisladores. Eso sí: los radicales debemos profundizar tanto nuestra identidad partidaria como vocación frentista para defender la eficiencia y la decencia en la función pública", sostuvo.
En línea crítica con la Nación, advirtió además sobre el impacto de los recortes en coparticipación y la presión sobre los municipios.
Pullaro, que busca consolidar un perfil opositor dentro del espectro no peronista, fue más allá y explicitó la estrategia hacia 2027: "Argentina no puede tener solo dos alternativas, una por derecha y la otra por la centroizquierda corrupta". Su planteo apunta a construir una opción superadora al binarismo entre mileísmo y kirchnerismo, con eje en la gestión y el equilibrio fiscal, pero con sensibilidad productiva.
Chiarella, además de anfitrión de la cumbre, se plantó como el vocero de un radicalismo que busca despegarse de los vicios del pasado para revalidar sus credenciales en el territorio. El intendente de Venado Tuerto puso el foco en la cercanía.
La cumbre dejó una foto política clara: los hermanos Valdés alineados con el esquema de Pullaro, reivindicando la gestión y el federalismo como bandera, y apostando a una construcción amplia que no rompa puentes pero tampoco diluya identidad.




