
El fenómeno, que se origina por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial, altera los patrones climáticos a nivel global. En sus versiones más intensas, que ocurren cada 10 a 15 años, puede provocar sequías, inundaciones, olas de calor, huracanes y una reducción del hielo marino.
Según las proyecciones, este evento podría elevar la temperatura del mar por encima de los 2 grados Celsius respecto del promedio, lo que generaría una fuerte respuesta atmosférica con impacto en distintas regiones del mundo. El pico del fenómeno suele registrarse entre diciembre y enero.
Especialistas advierten que las consecuencias podrían incluir veranos más calurosos en regiones como América del Norte, Europa, África e India, sequías severas en zonas tropicales y un aumento de ciclones en el Pacífico, mientras que en el Atlántico la actividad podría disminuir.
“Existe un potencial real para que se produzca el fenómeno de El Niño más intenso en 140 años”, señaló Paul Roundy, profesor de ciencias atmosféricas en la Universidad Estatal de Nueva York.
Además, se prevé que el impacto climático se prolongue hasta 2027, con posibles récords de temperatura global que superarían los registrados en años recientes. Esto también podría afectar la producción agrícola debido a cambios en los regímenes de lluvias.
Si bien los modelos muestran una tendencia hacia un evento de gran magnitud, los especialistas advierten que aún existe incertidumbre sobre su intensidad final. Sin embargo, remarcan que el calentamiento global podría potenciar sus efectos, dificultando que el sistema climático disipe el calor acumulado entre un evento y otro.




