
Acá te regalo una pregunta, pero ¿realmente todo se derrumba? ¿O se está moviendo algo que ya no podía sostenerse?
En esos escenarios límite, emocionales, vinculares, económicos, existenciales, el primer impulso suele ser la desesperación, la angustia, la parálisis, donde queremos respuestas rápidas, soluciones inmediatas, volver a "como era antes", pero hay procesos que no retroceden, hay etapas que terminan, aunque no estemos listos.
Frente a este panorama surge otra pregunta, y entonces, ¿qué hacer cuando la vida se desarma?
1. Detener la reacción automática: no todo lo que sentimos en el impacto inicial es verdad definitiva, el miedo agranda, distorsiona, dramatiza; darse un tiempo para respirar, para no decidir desde el caos, ya es un acto de sabiduría.
2. Aceptar lo que es, aunque duela: aceptar no es resignarse, es dejar de luchar contra lo que ya ocurrió, la resistencia prolonga el sufrimiento; la aceptación abre un camino nuevo, aunque todavía no sepamos cuál.
3. Volver a lo esencial: cuando lo externo tambalea, es momento de volver a lo interno: ¿quién soy más allá de esto que pasó? ¿Qué valores siguen en pie? ¿Qué partes de mí no se derrumban? ¿Con quiénes de mí entorno cuento como red de contención?
4. Sostenerse en lo pequeño: en medio del caos, los grandes planes abruman, en cambio, los pequeños actos ordenan: levantarse, comer, caminar, hablar con alguien de confianza, lo simple reconstruye y simplifica.
5. Revisar creencias: a veces no es solo lo que pasa, sino lo que creemos sobre lo que pasa: "No voy a poder", "esto es el fin", "no hay salida". ¿Y si no fuera tan absoluto? ¿Y si este momento fuera una transición y no una condena?
6. Permitir el proceso emocional: no hay fortaleza en negar lo que sentimos, llorar, enojarse, sentirse perdido, todo eso también es parte del movimiento interno que busca reacomodarse, y funciona como limpieza y sanación.
7. Abrirse a un sentido más amplio: hay experiencias que, con el tiempo, revelan un propósito que en el momento era invisible, no todo lo que duele destruye, a veces, lo que se cae es lo que impedía crecer, no hay nada "malo", que no traiga algo "bueno".
8. Respirar con conciencia: la respiración es un puente entre el cuerpo y el espíritu, inhalar profundo, exhalar lento, varias veces al día, ayuda a calmar la mente y a volver al presente.
9. Practicar la observación interna: convertirse en testigo de lo que pasa dentro: pensamientos, emociones, reacciones, observarnos como observamos.
10. Conectar con algo mayor: llámese Dios, universo, energía o conciencia superior.
11. Confiar sin entender todo: confiar no es saber, es sostenerse aun en la incertidumbre.
12. Practicar el desapego consciente, comprendiendo qué hay algo mejor. Soltar no es perder, es permitir.
13. Cuidar la energía: buscar silencio, naturaleza, introspección.
14. Crear pequeños rituales: encender una vela, escribir, agradecer.
En estos momentos de quiebre también es importante recordar que no todo proceso debe atravesarse en soledad, acompañarse de otro puede hacer una diferencia profunda.
Me encuentro a disposición como counselor y psicoterapeuta con un abordaje desde la psicología existencial y otras formaciones orientadas a acompañar procesos de transformación personal.
Preguntas de autoconocimiento que pueden acompañarte:
¿Qué parte de mi vida se está transformando? ¿Qué estoy siendo invitado/a a soltar? ¿Qué recursos internos tengo? ¿A quién puedo pedir apoyo? ¿Y si esto no fuera el final?
Cuando todo parece derrumbarse también puede estar gestándose algo nuevo. A veces, seguir no es avanzar con certeza, es simplemente no soltarse a uno mismo en medio de la tormenta.
(*) IG Tona Galvaliz. FB/LinkedIn. María Antonia Galvaliz.




