
Vivimos como si la vida fuera un contrato a largo plazo, sin considerar nuestra finitud, creyendo que viviremos por siempre; organizamos agendas, cumplimos obligaciones, resolvemos urgencias, trabajamos, vamos y venimos y eso está bien: la vida cotidiana necesita estructura; pero hay momentos cómo ser una pérdida, una enfermedad, un cambio radical de rumbo, el paso de los años en que algo dentro se acalla y surge una pregunta: "Si este fuera el último tramo del camino, ¿qué sería lo verdaderamente importante?"
No sabemos cuándo vamos a partir, y esa incertidumbre, lejos de ser una amenaza, puede transformarse en un llamado a vivir con más verdad.
¿Que pierde peso al final del camino? Quienes han estado cerca del ocaso suelen coincidir en algo significativamente revelador: no aparecen como centrales los títulos, los bienes acumulados, los conflictos ganados ni la aprobación social, por el contrario, se vuelven ligeros, te doy algunos ejemplos de todo aquello que parecía enorme comienza a desdibujarse: Las apariencias. El "deber ser" impuesto. Las pequeñas rivalidades. Las exigencias externas. El miedo al qué dirán.
Lo que sí importa y cobra una fuerza silenciosa es lo esencial: El amor dado y recibido. Las palabras dichas a tiempo. Los abrazos. Las reconciliaciones. La coherencia interna. Haber vivido según los propios valores. La autenticidad. Haber sido uno mismo, incluso con temor. El perdón. Soltar cargas que pesaban más que el orgullo. La gratitud. Reconocer la belleza presente aun en medio de la dificultad. La presencia. Haber estado realmente donde estábamos.
El sentido de nuestra existencia no siempre es una gran misión visible, a veces es haber acompañado, sostenido, escuchado, es tan solo la huella invisible que dejamos en otros.
¿Y qué nos llevamos cuando ya no estamos? Nada material cruza ese umbral, no llevamos cuentas bancarias, propiedades ni reconocimientos.
Si existe una continuidad del alma, quizás lo único que trasciende es la calidad de nuestra conciencia; la vibración del amor cultivado, la evolución interior lograda, la capacidad de haber aprendido de las experiencias que nos tocaron vivir.
Y aun si alguien no comparte esa mirada trascendente, algo es innegable: lo único que permanece es lo que sembramos en el corazón de los demás.
"Nos llevamos lo que fuimos, y dejamos lo que dimos"
De modo que pensar en el ocaso no es morboso, al contrario, es lúcido, porque nos ayuda a jerarquizar prioridades, nos invita a elegir mejor en lo pequeño y en lo grande.
"La vida no se mide en años, sino en conciencia, no en productividad, sino en profundidad, no en éxito externo, sino en verdad interior"
Quizás el verdadero sentido no sea acumular experiencias, sino habitarlas plenamente, no sea controlar el tiempo, sino honrarlo.
Para ir cerrando la nota, te dejo alguna preguntas para mirarnos con honestidad.
Si hoy fuera el último capítulo, ¿estoy viviendo de acuerdo con lo que considero esencial?
¿Qué conversación sigo postergando? ¿A quién necesito perdonar o pedir perdón? ¿Qué gesto de amor puedo hacer ahora mismo?
Si me fuera pronto, ¿me sentiría en paz con lo que fui? ¿Estoy sembrando aquello que quiero dejar como legado? ¿Estoy viviendo desde el miedo o desde el amor?
Porque al final, cuando todo se aquieta, solo queda una pregunta verdadera: ¿Viví de una manera que honre mi paso por esta tierra?
Te mando un beso inmenso. TG.
(*) IG Tona Galvaliz. FB/LinkedIn. María Antonia Galvaliz. Counselor-Logoterapia-Biodecodificación- Coaching Ontológico y Sistémico- Speaker- PNL- Coaching WingWave- Escritora Columnista- Desarrollo Humano personal.




